Las empresas deben conocer, monitorear y gestionar su entorno si desean sobrevivir, desarrollarse y crecer. En dicho espacio ocurren hechos importantes que pueden tener la capacidad de cambiar el destino de la organización. Situaciones políticas, económicas, sociales, tecnológicas o medioambientales que de una forma u otra influyen en la gestión empresarial. Aunado a ello, también existen actores individuales o grupales con suficiente fuerza y poder para influenciar o presionar en función a sus intereses particulares. A dichos integrantes se les conoce como “Stakeholders”. Para González, M. (2010) los mismos son partes interesadas en la empresa que fungen como interlocutores o agentes con los cuales las organizaciones mantiene relaciones económicas o cualquier otro tipo. Con ellos se origina una relación mutua en la cual se generan intercambios de diversa especie. Según González, I. (2009), el entorno ocasiona en la corporación una dinámica de correlación de fuerzas que está en constante búsqueda del equilibrio.
Conocer quiénes son los stakeholders posibilita atender sus necesidades en cuanto a productos y servicios que mejor se ajusten a sus expectativas, preferencias y exigencias. Tener la capacidad de gestionar estos grupos de interés permite la posibilidad cooperar de forma recíproca, desarrollar comunidades productivas, redes y otros tantos elementos que benefician a la empresa. Todo ello, además de ofrecer resultados positivos para los involucrados, tiende a mejorar la imagen de las organizaciones, de su marca y generar confianza y credibilidad en su entorno. En resumen, transforman a las instituciones en un “Ciudadanos Corporativos”. (González, I., Op. cit.).




