La administración científica se considera como el primer intento de sistematizar la actividad administrativa que habitualmente ocurren en las organizaciones (Del Castillo, 1997). Con ella se buscó llevar al plano de ciencia a la administración como actividad de gestión de los recursos disponible en las empresas. Fue un esfuerzo racional para generar un conjunto de principios y leyes que permitiera predecir el comportamiento de los administradores dentro de sus espacios de trabajo. Los principales exponentes de esta corriente se tienen personajes como Frederick W. Taylor, Harrington Emerson, Alexander H. Church, Leon Pratt Alford, entre otros.
De acuerdo con esta corriente, la administración como ciencia pretende mejorar los resultados del trabajo que ocurre en las organizaciones por medio del estudio racional del mismo. Aquí se señala que es posible estudiar las operaciones que realizan los trabajadores para con ello poder tener la oportunidad de mejorar su desempeño gracias a la aplicación del conocimiento que se genera y al uso de los aspectos técnicos que pueden enseñarse a los trabajadores dentro de la empresa. Es, por tanto, factible incrementar la eficiencia de los obreros con el uso de aporte hecho por la ingeniería. En este contexto, la eficiencia se relaciona con el logro de resultados con el mínimo gasto de energía.
La Escuela de
Administración Científica, como lo señala Hodge (2003), se analiza desde dos
enfoques o perspectiva diferente, pero que en realidad resultan
complementarias. Una, liderada por Taylor, que se centra en la racionalización
del trabajo en nivel operativo de la organización. La otra, que muestra a Henry
Fayol como principal referente, que se centró en el estudio de un modelo
racional desde la óptica de la alta dirección de la empresa. Ambos
planteamientos muestran dos cosas en común: propusieron la mejor manera de
llevar a cabo el trabajo de dirección y trataron de desarrollar técnicas
racionales que ayudarían a constituir estructura y los procesos necesarios para
lograr la coordinación eficiente de la entidad.
La administración
científica se presenta como una forma de pensamiento administrativo que observa
un tipo de realidad que fundamentalmente se ubica en las áreas de producción de
las organizaciones. La administración científica, como escuela o paradigma
administrativo, tiene su principal aportación en hechos que se relacionan con el
modo en que las áreas productivas deben desempeñarse para hacer eficiente a la
empresa. Esta perspectiva tiene incidencia en aspectos vinculados con el
diseño, en los elementos relacionados con la capacitación técnica y con temas que
se asocian con la forma en como los individuos actúan dentro de las empresas.
Con respecto a Henry
Fayol, existen autores que los ubican en la corriente de la administración
científica, pero otros lo convocan bajo lo que se conoce como “La Escuela de
los Procesos Administrativos” (Reyes Ponce, 2004), que también se denomina “Escuela
Clásica” o “Escuela de la Gerencia”. Sin embargo, esta corriente, vista como
autónoma, coincide con la perspectiva tayloriana e incluso se complementan.
Siendo esto el motivo por el cual muchos la integran en una sola idea de
pensamiento administrativo. Como menciona Reyes (2004) su característica radica
en su intento de conformar una estructura lógica de los diferentes actos que
forman la administración. Siguiendo a Del Castillo (1997), en esta perspectiva
la administración se considera como un vehículo que se debe utilizar para
incrementar la eficiencia por medio de ciertas funciones y principio que los
dirigentes deben desarrollar dentro de los puestos que ocupan en la
organización. Estas funciones y principios se consideran de aplicación
universal más allá del lugar, tiempo y condiciones. Es irrelevante el tipo de
empresa, naturaleza o peculiaridades, siempre debe tener presente los
principios que guían la gestión.
Otra escuela de
administración científica es la que se denomina “Escuela Cuantitativa de la
Administración” (Del Castillo, 1997). En la misma se considera que la acción
administrativa puede ser facilitada a través del uso de las matemáticas. Se
estima que la medición de la gestión y la creación de modelos cuantitativos
pueden coadyuvar a obtener mejor información y con ello lograr tomar mejores
decisiones. Los modelos pueden ser diversos; sin embargo, los más comunes son
los derivados del área de la investigación de operaciones (I/O). La gerencia
bajo este enfoque se observa por medio del manejo de variables cuantitativas y
el uso de modelos matemáticos para asegurar la eficiencia organizacional.
Es evidente que existe
una tendencia creciente a aplicar técnicas cuantitativas a la resolución de
muchos problemas organizacionales. Este movimiento, como lo señala Dessler
(1979), se llama con frecuencia investigación de operaciones, o ciencia
administrativa, y se describe como aquella en la cual se utilizan métodos,
técnicas e instrumentos científicos para resolver problemas operativos de la
empresa. Con esta corriente se intenta ofrecer una base científica al manejo de
las organizaciones. Es así, que más allá de soluciones satisfactorias se busca
obtener respuestas óptimas. Esta perspectiva se relaciona con la visión de
sistema debido a que su objetivo principal es ofrecer a los dirigentes de la entidad
una orientación global del negocio.
El enfoque cuantitativo
surgió del campo militar, en el cual se utilizaban las herramientas matemáticas y
estadísticas para apoyar sus decisiones bélicas en tiempo de guerra. Muchos de
sus problemas de logísticas, asignación de recursos, movimientos de tropas y
otros tantos problemas de gestión se modelaban para dar con la mejor solución
posible. Se reconoce que la experiencia de su aplicación fue exitosa. Una vez
que culminó la Segunda Guerra Mundial, buena parte de ese conocimiento y experticia
acumulada se aplicó al mundo civil. Comenzó así la era de la estadística, las
matemáticas y los modelos cuantitativos, que transformó el modo de manejar los
negocios. Todo ello se potenció con el desarrollo de computadoras más
poderosas, con mejor capacidad de procesamiento de datos y con costos de
procesamiento de información cada vez más bajo. Dicha situación aceleró los
tiempos de respuesta y la posibilidad de realizar cálculos complejos en menos
tiempo.
La evolución de todo este
proceso condujo a la consolidación del campo de la investigación de operaciones,
que también se identifica como administración científica. Ella comprende la
aplicación del método científico a los problemas gerenciales. Resulta en un
modo sesgado de dar prevalencia a los modelos matemáticos, a la modelación de
la realidad y a su simplificación de una manera tal que sea posible encajarla
en fórmulas y ecuaciones que buscan lograr soluciones óptimas
en la toma de decisiones. En su esencia,
la ciencia es la actividad que se deriva de observaciones del mundo real e
intenta explicarlas con la información que recaba el observador por medio de un
método racional. Con ello trata de construir generalizaciones que se conocen
como modelos o teorías. Sin embargo, se debe reconocer que el mundo tangible de
los negocios presenta una complejidad tan profunda y cambiante que pretender
encuadrarla en modelos cuantitativos simplificadores, parece un esfuerzo estéril para quienes pretende optimizar el uso de recursos.
Entonces, la
investigación de operaciones basa su accionar en el diseño y construcción de
modelos de índole matemáticos. Con ellos se busca condensar la realidad que se observa
creando condiciones o parámetros que intentan simular el fenómeno de estudio.
Se debe tener claro que un modelo es una representación simplificada de una
situación u objeto que constituye el problema a resolver. En tal sentido, el
modelo solo contiene aquellas características dominantes que son propias del
evento problemático. En todos los casos, tiene que formularse de modo que el
diseño del modelo capte lo fundamental del problema. Se evita incluir detalles
secundarios que podrían menoscabar la efectividad de su utilización.
En resumen, la
administración científica, se considera el primer intento de sistematizar la
gestión en las organizaciones. Su uso ha sido esencial para establecer un marco
racional que busca optimizar la gestión de recursos y mejorar la eficiencia
operativa. Pioneros como Frederick W. Taylor y Henry Fayol, contribuyeron al
desarrollo de principios y técnicas que permiten fortalecer y mejorar el
comportamiento de los administradores y trabajadores. Esta corriente se centra
en la racionalización del trabajo a nivel operativo. Asimismo, abarca una
perspectiva más amplia que incluye la alta dirección y la aplicación de modelos
cuantitativos. Sin embargo, a pesar de sus logros, es importante reconocer las
limitaciones de la misma, especialmente en entornos empresariales cada vez más complejos
y dinámicos. Por tal motivo, la simplificación de la realidad puede resultar difícil
y más representarla por medio de modelos matemáticos. Sin lugar a duda, la
administración científica sigue siendo relevante, pero se debe adaptar y
evolucionar para enfrentar los desafíos contemporáneos, integrando enfoques más
integrales que consideren la diversidad y la complejidad de las organizaciones
modernas.
Referencias
Del
Castillo, M. (1997). El administrador y
su entorno dentro de la administración. México: Editorial Limusa, S.A. de
C.V.
Dessler,
G. (1979). Organización y Administración.
Enfoque situacional. México: Prentice-Hall Hispanoamericana, S.A.
Hodge,
B. J., Anthony, W. y Gales, L. (2003). Teoría
de la organización. Un enfoque estratégico. 6ta Ed. Madrid: Pearson
Educación, S.A.
Reyes
Ponce, A. (2004). Administración moderna.
México: Editorial Limusa, S.A. de C.V.
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